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LEÓN, México, May. 7, 2011.- Una vez más el León, jugando en casa, se quedó en la orilla al caer 0-2 frente al Tijuana, 0-3 global, y se perdió de llegar a la Final de la Liga de Ascenso en un partido que fue ensombrecido por la violencia en la grada del Nou Camp.
Los esmeraldas llegaban al partido con la obligación de ganar por cualquier marcador, situación que, por posición en la tabla, les hubiera dado el boleto para pelear por el título de la división de ascenso frente al Irapuato, que ya había hecho lo suyo.
Sin embargo, las cosas no funcionaron desde el principio, aunque tomaron la posesión del balón, nunca lograron generar peligro, lo que pagaron pronto, ya que los Xolos, en la primera oportunidad que tuvieron, pusieron el 0-1 a los 19 minutos.
El gol de Joshua Ábrego sembró en desconcierto en las filas locales, nerviosismo que se trasladó a la tribuna que ya desde ese momento empezó a aventar objetos a la cancha.
Blas Pérez terminó de sentenciar al felino, cuando al 26, con un manotazo, se ganó la segunda amarilla y tuvo que irse a las regaderas desde ese momento, mientras que a la cancha, en sustitución del violento jugador, cayó la primera botella de cerveza.
La pasividad del cuadro guanajuatense aumentó con esta ausencia, por lo que la primera mitad terminó sin pena ni gloria para ellos y sí con una tribuna que ya comenzaba a arder, principalmente en contra del silbante.
La parte complementaria siguió la tónica de los primeros 45 minutos, un León que no sabía como atacar y un Tijuana bien ubicado atrás y esperando el error del rival.
A los 63 minutos del partido, el árbitro, Israel Perea, sufrió una lesión en el muslo de la pierna izquierda, por lo que tuvo que ser atendido, durante cinco minutos, dentro de la cancha al negarse a cederle su lugar al cuarto árbitro.
En el instante que se reanudó el partido, con toda la tribuna leonesa molesta y el cuerpo técnico desesperado, cayó el segundo gol de los visitantes por conducto de Luis Orozco, situación que detonó la violencia tanto en la cancha como en la grada.
Las dos expulsiones en el terreno no fueron comparables con lo que sucedía con la 'afición' del León, alrededor de quince minutos se vivió una de las situaciones que más mancha al deporte, la furia y la agresión se adueñaron de la grada y una sombra cubrió el buen juego.
Reanudado el cotejo, una vez más, ya ninguno de los equipos hizo mucho por ir al frente, se pasaron el resto del partido paseando el balón y, por más que el juez central alargó el cotejo, los ánimos, principalmente en los jugadores del León, habían sido asesinados desde que el exceso triunfó sobre el balompié.